Capítulo 6

lo que significa un nobel

MARIO VARGAS LLOSA RECIBIO EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA EN 2010. FUE EL PRIMER ESCRITOR PERUANO EN OBTENER ESTE GALARDON.

Enrique Planas
Editor de El Dominical
Lo que significa un Nobel

El 7 de octubre de 2010, la buena nueva que todo periodista esperaba por años publicar despertó muy temprano a todos los peruanos: el escritor Mario Vargas Llosa había recibido la llamada de la Academia Sueca informándole que había sido elegido para recibir el premio de la Fundación Nobel. Una sorpresa nacional, pues durante años nos habíamos convencido de que el autor de “La Casa Verde” no conseguiría jamás el voto unánime de la Academia Sueca.

La noticia fue difundida por Robert Englund, a las 11 de la mañana, hora sueca. Es una responsabilidad que el Secretario de la Academia cumple con rigurosa seriedad cada año, enfrentando siempre a un pelotón de reporteros. Informó el veredicto en varios idiomas y finalizó en castellano. Las razones de la Academia caben en dos líneas para definir el valor de la obra de MVLL: "Por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota".

La diferencia horaria con respecto a Suecia le dio a la prensa peruana un amplio margen de maniobra para preparar su edición. Un trabajo que empezaba casi de cero, pues si bien era habitual dejar lista una serie de contactos de comentaristas antes del anuncio del Nobel, previendo el caso de que Vargas Llosa resultara ganador, ese año, debido a tantas desilusiones, habíamos dejado de lado toda planificación. Suponíamos, como había sucedido en las ediciones más recientes del premio, que un autor de Europa oriental, casi desconocido para lectores locales, sería elegido ganador.

“El Perú soy yo aunque a algunos no les guste [...] lo que yo escribo es el Perú también”.

Mario Vargas Llosa

Ese prejuicio queda bien reflejado en el artículo publicado por el diario madrileño “El Mundo” el 5 de octubre, tan solo dos días antes del anuncio de la Academia Sueca. Titulado “¿Un nobel español? Pfff...”, el periodista Luis Alemany especulaba qué tan reales eran los opciones de triunfo para los autores iberoamericanos. Y al enfocarse en América Latina, advierte: “Hay dos nombres clásicos: Vargas Llosa, por su valor literario. Y Carlos Fuentes, por otras razones. Lo malo es que lo del Nobel de Vargas Llosa lleva tanto tiempo encima de la mesa que parece un asunto enquistado, antipático. Igual que el caso de Borges”.

Por lo visto, todos nos equivocamos.

A Mario Vargas Llosa la noticia le sorprendió muy temprano, mientras releía “El reino de este mundo” de Alejo Carpentier. Entonces el escritor radicaba en Manhattan, trabajando de profesor invitado ese trimestre final en la Universidad de Princeton, donde dictaba un curso sobre Borges dentro del Programa de Estudios Latinoamericanos. Semanas antes había terminado el manuscrito de El sueño del celta, su última novela, apasionante relato sobre un personaje histórico, Roger Casement (1864-1916), que indagó la brutalidad del Gobierno de Leopoldo II de Bélgica durante la colonización del Congo y la violencia contra los recolectores de caucho en el Amazonas. Desde que había llegado a esa ciudad, pensó que esos meses serían especialmente tranquilos.

Entonces Patricia irrumpió en su estudio. “Te llama un señor en inglés”, le dijo. Vargas Llosa tomó el articular y solo entendió algunas palabras antes de que la comunicación se interrumpiera. Entre ellas: “Swedish Academy”. El teléfono volvió a sonar cinco minutos después. “Usted ha ganado el Nobel”, dijo la voz. “En 14 minutos anunciaremos oficialmente el premio”. Del otro lado de la línea se encontraba Peter Englund, secretario de la Academia Sueca. Después de la breve conversación, el sobrio académico le confesaría a los periodistas de Estocolmo: “Vargas Llosa estaba sencillamente muy feliz. Denotaba mucho temperamento latino”.

El 10 de diciembre de 2010, MVLL recibe la medalla del premio Nobel de Literatura de manos del rey Carl XVI Gustaf de Suecia, en la ceremonia presentada tradicionalmente en el Salón de Conciertos de Estocolmo.

Vargas Llosa junto con el resto de ganadores del Premio Nobel en 2010: Robert G. Edwards (Fisiología o Medicina) y Richard F. Heck, Ei-ichi Negishi y Akira Suzuki (Química)

Vargas Llosa ofreciendo su discurso en el banquete del Nobel, en el Palacio Municipal de Estocolmo, la noche del 10 de diciembre.

¿Qué sucedió en esos 14 minutos que separaban aquella llamada del posterior acoso de los medios de prensa del mundo? A Radio Programas le diría que pensó salir a tomar algo de aire fresco caminando por Central Park. Sin embargo, prefirió quedarse en casa y llamar a los suyos. A Álvaro, su primogénito, lo despertó en Washington. “Me llamó desde Nueva York diez minutos antes de que se anunciara oficialmente”, contó a Radio Cooperativa de Chile. A Gonzalo, el segundo, lo contactó en Ginebra y a Morgana, la menor, en Lima. La madrugadora llamada le dio un buen susto a la fotógrafa. “Papá me comunicó la noticia, no sin comentarme que quizá se podía tratar de una broma pesada. Y en ese momento escuché a mi mamá en el fondo diciendo: ‘Mario, es verdad, te han dado el Nobel, lo están anunciando por Internet’”, relató.

En ese momento, en Fráncfort, el Nobel a Vargas Llosa revolucionaba la feria del libro más influyente del mundo. El stand de la Agencia Carmen Balcells, representante de los derechos del escritor, y de su editor en español, Alfaguara, se vió inundado de visitantes. Como lo informaba el diario español El País, las agentes y socias Gloria Gutiérrez y Karina Pons, ambas con ojos vidriosos, estaban colgadas del móvil intentando hablar con su jefa, Carmen Balcells, que había recibido apenas minutos antes la noticia directamente desde la Academia sueca, pero que no había podido localizar al galardonado. La sorpresa era general: "Ni fotos, ni champán ni nada, no tenemos nada para celebrarlo", constataba Pons. El diario El País incide en que nadie imaginaba que Vargas Llosa obtendría el galardón, ya que eran demasiados los años en que su nombre constaba como candidato en la lista de apuestas. Así lo admitió el propio Juan González, director general de contenidos del grupo Santillana. En el stand, sobre una fotografía gigante de Vargas Llosa, alguien con un rotulador rojo había escrito "Premio Nobel".

Horas después, por deseo expreso del escritor, la primera rueda de prensa tuvo lugar en el Instituto Cervantes, a unas manzanas de su residencia neoyorquina. Allí, más de doscientos periodistas de todo el mundo aguardaban su llegada. Ante el pelotón, Vargas Llosa repitió lo que venía diciendo desde temprano a los medios: Que esperaba que la Academia Sueca lo premiara por su obra literaria y no por sus opiniones políticas, y que, a los 74 años, el Nobel no cambiaría su vida, ni su estilo, ni sus temas. “Voy a seguir escribiendo hasta el último día de mi vida”, aseguró. “Lo que sí va a cambiar es mi vida diaria y espero que solo temporalmente. Hoy no esperaba estar rodeado de tantos periodistas, pero voy a tratar de sobrevivir”, bromeó.

“El Perú soy yo aunque a algunos no les guste [...] lo que yo escribo es el Perú también”, dijo. Asimismo, confesó que aún no se había detenido a pensar sobre lo que tratará su discurso de aceptación del premio. “La literatura es lo que organiza mi vida, y lo que le da un sentido y una orientación”, respondió a los periodistas en español, y a veces en inglés y francés. “Este premio es también un reconocimiento a la literatura latinoamericana, que ha ido adquiriendo una cierta ciudadanía en el mundo”, subrayó.

En ese breve interregno de dos meses entre el anuncio del premio y su entrega, Vargas Llosa no se quedó quieto. Pero de entre toda una serie de compromisos, el más importante era la presentación en Madrid de su nueva novela, “El sueño del celta” (Alfaguara), el miércoles 3 de noviembre. Para entonces, aún no había terminado de recibir felicitaciones por el premio. Amigos que no veía hace siglos: compañeros del colegio La Salle en Bolivia, del Leoncio Prado, del San Miguel de Piura. Además de felicitaciones de gente anónima. Su esposa Patricia no sabía qué hacer con tantos correos. “Estoy ya sin voz después de dar tantas entrevistas. Además, me ha caído todo al mismo tiempo, porque es un período de clases en la universidad de Princeton y está mi última novela. Así que ahora viene la paliza de España con la salida del libro. Estoy yendo dentro de unos días. Y después vendrá la paliza de Estocolmo y ahí ya supongo que comienzan a calmarse las aguas”, comentó entonces el escritor a El Comercio.